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La variante Delta: una explicación en pocos minutos

Primero es importante establecer la diferencia entre una cepa y una variante.

 

Cepa es un término que se refiere a cada uno de los miembros de una familia de virus. La familia coronavirus, por ejemplo, tiene múltiples cepas, pero solo la cepa denominada SARS-CoV-2 es la causante de la enfermedad COVID-19. Otra cepa es la del SARS-CoV-1, la cual es el coronavirus causante del brote del año 2000.

 

También hay variantes o acumulación de mutaciones, a las que se hace referencia con la palabra “versiones” del mismo virus, en la que debido a una modificación en la expresión de ciertas proteínas, este se adapta mejor al huésped y puede prosperar de mejor manera. Estas variantes también podrían equipar a la cepa de un virus para poderse esconder mejor del sistema inmune del huésped y, así, lograr su cometido: ¡replicarse!

 

La ocurrencia de variantes es un proceso normal de adaptación de los virus. Existen muchas variantes, pero solo aquellas que pudieran tener algún impacto en la salud pública o en la afectación del ser humano son las que más interesa estudiar, para poder evitarlas. Estas variantes se conocen como variantes de preocupación “VOCs”, por sus siglas en ingles1.

Y entonces ¿por qué tan preocupados por la variante Delta?

La variante Delta es una mutación del virus SARS-CoV-2. Se transmite con extrema facilidad que ya se han detectado brotes en personas con esquema de vacunación contra la COVID-19 completa, lo cual sugiere que esta variante ha desarrollado mejores formas de infectar al huésped. Sin embargo, pareciera que solo afecta la transmisibilidad, mas no la letalidad del virus en personas vacunadas. En personas no vacunadas sí podría causar una enfermedad más severa, aunque estos son datos preliminares2.

 

La preocupación genuina está en que la variante Delta pareciera transmitirse con facilidad, aún en personas vacunadas. Una posible hipótesis explica que el virus se replica con mayor facilidad en las mucosas, ya que los anticuerpos producidos por las vacunas, circulan en la sangre. Por ello el virus logra replicarse y transmitirse hacia otros huéspedes (aunque permanecen contagiosos por menos tiempo que los no vacunados). En estas personas, cuando el virus finalmente es alcanzado por los anticuerpos generados por la vacuna es destruido, sugiriendo que la efectividad de las vacunas en prevenir una enfermedad severa  o la muerte se mantiene vigente. Esto también explicaría por qué la persona vacunada puede resultar positiva a cualquier test de COVID-19 (que recoge células de la nasofaringe).

 

Finalmente, vale la pena resaltar que la vacunación sigue siendo un pilar fundamental en la mitigación de esta epidemia. Mientras esto suceda, deberemos seguir minimizando los riesgos de trasmisión y contagio que ya todos conocemos: uso de alcohol en gel, lavado frecuente de manos y uso de mascarilla.

Fuentes consultadas:

  1. https://www.who.int/es/activities/tracking-SARS-CoV-2-variants
  2. https://www.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/variants/delta-variant.html

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